Método DEIBE

La manera en la que construimos el progreso

No hay dos cuerpos iguales. Tampoco hay dos personas con la misma historia, las mismas capacidades, los mismos miedos ni las mismas razones para entrenar.

Por eso, en DEIBE, el entrenamiento debe adaptarse a la persona, no la persona al entrenamiento.

Si la filosofía explica en qué creo, el método explica cómo lo convierto en entrenamiento. No es una fórmula rígida ni una sucesión de ejercicios: es una manera de prestar atención, tomar decisiones y construir un progreso que la persona pueda comprender y hacer suyo.

Es el método con el que doy las clases de artes marciales y defensa personal en Arganzuela (Madrid Río), y también el que ordena los cursos online.

El proceso

Observar → Comprender → Adaptar → Confiar → Crecer → Compartir

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Observar

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Comprender

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Adaptar

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Confiar

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Crecer

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Compartir

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Observar

Antes de corregir, imponer o exigir, hay que mirar. Observar cómo se mueve una persona, dónde se siente cómoda, qué evita, qué controla y qué todavía no comprende.

El cuerpo suele mostrar, mucho antes de que aparezcan las palabras, qué necesita y qué no está preparado para recibir.

Observar no significa juzgar. Significa prestar atención.
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Comprender

No basta con saber que algo no funciona. Hay que intentar entender por qué.

Puede faltar fuerza, movilidad, coordinación, confianza o simplemente una explicación diferente. A veces el problema no está en el cuerpo, sino en la manera en la que hemos presentado el ejercicio.

Comprender también significa escuchar: saber qué busca la persona, qué experiencias trae y qué sentido tiene para ella aquello que estamos construyendo.

Adaptar

Adaptar no es rebajar el entrenamiento. Es encontrar la dificultad adecuada.

Un ejercicio demasiado fácil no transforma. Uno demasiado difícil solo genera frustración, compensaciones o miedo. El trabajo está en encontrar ese punto en el que el reto exige atención y esfuerzo, pero todavía permite aprender.

Si una persona no encaja en el ejercicio, no la fuerzo: cambio el ejercicio sin perder el propósito.
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Confiar

La confianza no aparece porque alguien te diga que puedes hacerlo. Se construye acumulando experiencias reales.

Descubriendo que eres capaz de aprender algo que al principio parecía imposible. Comprobando que tu cuerpo responde. Entendiendo que equivocarte no significa que no sirvas para entrenar.

Mi trabajo no consiste en hacerte depender de mi seguridad. Consiste en ayudarte a construir la tuya.

Crecer

Progresar no siempre significa levantar más peso, hacer más repeticiones o aprender una técnica nueva.

A veces crecer es moverte con menos tensión. Reconocer antes un error. Tomar una mejor decisión. Atreverte a entrenar algo que evitabas. O comprender que hoy necesitas trabajar de una manera distinta a la que habías planeado.

Los cambios importantes no siempre ocurren de golpe. Suceden poco a poco: empiezas a levantarte con más seguridad, dejas de evitar un movimiento, soportas una carga que antes te preocupaba o haces con naturalidad algo que meses atrás parecía imposible.

Por eso, de vez en cuando, nos detenemos y miramos hacia atrás: ¿te acuerdas de que esto no podías hacerlo? ¿Te acuerdas de que aquí aparecía dolor? ¿Te das cuenta de cómo lo resuelves ahora?

Reconocer el progreso también forma parte del entrenamiento.
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Compartir

Nadie recorre este camino completamente solo. Quienes llevan más tiempo cuidan a quienes acaban de llegar. Los compañeros se exigen y se ayudan sin convertir cada entrenamiento en una competición. El conocimiento se comparte en lugar de utilizarse para marcar distancias.

En clase se pregunta, se conversa, se ríe y se aprende también observando a los demás. Porque cuando una persona crece, puede ayudar a que otras también crezcan.

Compartir también significa enseñar para que la persona no dependa siempre del profesor: que sepa qué necesita calentar, qué debe trabajar, cuándo puede apretar y cuándo necesita adaptar.

Enseñar no es crear dependencia. Es transferir comprensión.
Grupo de alumnos atendiendo una demostracion en el tatami

Un proceso que vuelve a empezar

El Método DEIBE no termina en el último paso. Cuando una persona crece y comparte lo aprendido, también cambia su manera de observar.

Empieza a reconocer detalles que antes no veía, a comprender mejor su cuerpo, a tomar mejores decisiones y a ayudar a quienes están comenzando. Entonces el proceso vuelve a empezar.

No para convertir a todo el mundo en el mismo tipo de alumno, sino para que cada persona pueda construir su propio camino.

El método, resumido

  • Observamos antes de intervenir.
  • Comprendemos antes de enseñar.
  • Adaptamos antes de exigir.
  • Construimos confianza mediante experiencias reales.
  • Reconocemos el crecimiento, incluso cuando ocurre poco a poco.
  • Compartimos lo aprendido para que el conocimiento y la comunidad sigan creciendo.
El objetivo final

Autonomía

No quiero que un alumno se limite a repetir ejercicios porque confía ciegamente en mí. Quiero que comprenda qué está haciendo, por qué lo está haciendo y qué estamos intentando construir.

Que aprenda a reconocer sus sensaciones, a valorar su progreso y a adaptar el entrenamiento cuando sea necesario. Que con el tiempo pueda practicar también fuera de clase y necesite cada vez menos indicaciones para tomar buenas decisiones.

El profesor sigue acompañando, observando y abriendo nuevos caminos. Pero el aprendizaje termina perteneciendo al alumno.

Una persona más fuerte, más consciente, más autónoma y mejor preparada.
Primero observo. Después comprendo. Adapto el camino, construyo confianza y ayudo a crecer. Lo aprendido se comparte, y el proceso comienza de nuevo.
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