Cultura marcial·15 de octubre de 2026

Jiu-jitsu con kimono o sin kimono: qué cambia de verdad

Entrenamiento de jiu-jitsu sin kimono en el tatami de DEIBE, Arganzuela, Madrid.

Esta me la hacen mucho, y casi siempre antes de empezar.

«Si quiero hacer jiu-jitsu, ¿con kimono o sin kimono?»

Hay bastante ruido alrededor de esta pregunta, y me parece innecesario. La diferencia es sencilla de explicar, y una vez la entiendes casi se responde sola según lo que busques.

Empecemos por lo único que cambia de verdad.

Todo se reduce a dónde agarras

Con kimono tienes tela. Y la tela son asas.

Puedes agarrar el cuello, la manga, la solapa, la pierna del pantalón. Son puntos firmes que no se escapan, que te permiten sujetar a alguien con muy poca fuerza y mantenerlo ahí.

Sin kimono no tienes nada de eso. Agarras el cuerpo directamente: el cuello, las muñecas, detrás de las rodillas, la cabeza, las axilas. Y el cuerpo suda, resbala y se mueve.

Esa única diferencia es la que arrastra todas las demás.

Lo que cambia como consecuencia

Si lo piensas desde los agarres, el resto se deduce bastante bien.

El ritmo. Sin kimono todo va más rápido. Las posiciones se escapan, aparecen scrambles constantemente, una situación puede desaparecer en menos de un segundo. Con kimono el juego es más pausado y más posicional, porque puedes fijar a alguien y sostener la posición.

El control. La tela permite controlar a distancia: puedo tenerte sujeto por la solapa sin estar pegado a ti. Sin tela, controlar significa casi siempre pegarse. Aparecen el peso, la presión, el contacto constante.

Las sumisiones. Algunos estrangulamientos existen gracias a la tela y sin ella no tienen sentido. Otros funcionan igual en los dos sitios. Y las luxaciones articulares, en general, viajan bastante bien de un lado a otro.

Lo que te exige. Sin kimono se depende algo más de la movilidad y de saber gestionar el cuerpo del otro. Con kimono se puede compensar más con técnica fina de agarre.

Ninguna de estas diferencias hace mejor a uno. Son dos laboratorios que plantean preguntas distintas.

Lo que se transfiere y lo que no

Esto es lo que suele tranquilizar a la gente, y con razón.

La mayor parte de lo importante viaja entre los dos.

La estructura. El uso del peso. Entender dónde está el equilibrio del otro. Los ángulos. Cómo salir de debajo. Qué hacer cuando alguien empuja. Respirar mientras te controlan.

Eso no es «técnica de gi» ni «técnica de no-gi». Es entender el cuerpo.

Lo que no viaja es la parte específica de los agarres: todo el juego de solapas y mangas no existe sin tela, y toda la gestión del sudor y de lo que resbala no aparece cuando hay kimono.

Quien lleva años en uno y prueba el otro no empieza de cero. Empieza con un acento raro, que no es lo mismo.

Entonces, ¿por cuál empiezo?

Te voy a dar una respuesta poco épica: por el que tengas cerca y te apetezca pisar.

Dicho eso, hay un par de criterios que sí ayudan a decidir.

Si lo que te interesa es sobre todo la aplicación a situaciones reales, el trabajo sin kimono se parece algo más a lo que te vas a encontrar, sencillamente porque por la calle la gente no lleva solapas de las que agarrar. Aunque conviene no exagerar esto: tampoco va nadie por la calle descalzo y sobre un tatami.

Si lo que te atrae es el juego fino, lento y muy técnico, el kimono tiene una profundidad enorme y bastante gente lo encuentra fascinante por eso.

Y si vas a competir, mira primero en qué circuito quieres hacerlo.

Para todo lo demás, el criterio que más pesa a largo plazo es cuál te va a hacer volver la semana que viene.

Lo que doy yo, y por qué

Yo entreno y enseño No-Gi, sin kimono.

No porque me parezca superior. Es que encaja con lo que busco.

Lo que más me interesa del No-Gi es que introduce algo que considero muy valioso: una persona delante intentando impedir absolutamente todo lo que quieres hacer. Presión, peso, decisiones constantes, y muy pocos sitios donde esconderse.

Es un laboratorio extraordinario para comprobar si lo que crees que funciona funciona de verdad.

Y me interesa especialmente por cómo conversa con el Satria Silat, que es la otra mitad de mi práctica. El Satria me da estructura, ángulos y trabajo de pie. El No-Gi me obliga a comprobarlo contra alguien que se resiste. Vuelvo de uno al otro y veo cosas que antes no veía.

Esa conversación entre ambos me parece lo más interesante que me ha pasado entrenando.

Lo práctico, que casi nadie cuenta

Una ventaja menor del No-Gi, pero que importa cuando empiezas: no necesitas comprar nada.

Un kimono cuesta dinero y hay que elegirlo. Para entrenar sin kimono te vale ropa deportiva ajustada que ya tengas, sin cremalleras ni bolsillos ni cordones, porque enganchan dedos.

Se entrena descalzo. Las uñas, cortas. Y poco más.

Eso quita una barrera de entrada que a veces pesa más de lo que parece: puedes probar sin haber invertido nada.

Por dónde empezar

Si estás en Madrid, puedes venir a ver cómo es. Entrenamos jiu-jitsu sin kimono en Arganzuela, lunes y miércoles, y la primera clase es de introducción: vienes, miras, pruebas y decides después.

No hace falta que sepas nada ni que traigas nada más que ropa cómoda.

Y si vives en otro sitio, usa esto para elegir: entra en los dos que tengas cerca, mira cuál te deja con ganas de volver, y empieza por ese.

La diferencia entre el gi y el no-gi es real, pero es mucho menor que la diferencia entre entrenar y no entrenar.

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